domingo, 5 de marzo de 2017

Pensamientos de una piba en cuarto creciente

Ella juega con
escorpio parado
en medio de su
sexo.
Lo atrapa, lo esconde,
le da agua.

En la convulsa
instantánea
alcanza con
mirarla para
marearte.

El asma de su
intensidad
hace que el rojo
se vuelva más
rojo de lo
que creías.

Entre las calles
de sus venas expresa
el mandamiento
cíclico de la luna.

Ella danza en
la contradicción
y no intenta
disimularla.

Sirena histérica
y ermitaña
en busca de peces
para refugiar
en su mar.

Su príncipe azul
es un gato que
no la cuestiona
y la abraza dejando
dulces rasguños
en su piel.

En su soledad
tranza con un
anémico
sentimentalismo
que deja de lado.

Tanto club del pony
hace que su
malhumor haga
de su estéril
sonrisa un hallazgo
demonizador.

Sus deseos
son demonios que
padecen de
ansiedad y orgullo.

La inestabilidad
de sus días
se consume en un blister
de testosterona
que no abunda
y la inunda.

domingo, 5 de junio de 2016

Pensamientos de una piba que va al supermecado

En el chino pagas
la birra con billetes 
de dos pesos
ajusticiando un eterno
vuelto en caramelos.

Cada vez que te veo
en la fila escondo 
las toallitas,
devuelvo los chocolates
y sumo un espumante.

Con esos joggins
al cuerpo sos una
sonora tropicana
cada vez que te imagino
en mi cama.

Por la puerta de mi
casa corriendo pasas
mientras me clavo
los hidratos que 
calman mi pensar.

En la calle
apareces como
superhéroe de 
comic urbano
Todo se pone lento
cuando te miro
en semiprimer plano.

Con vos sufro 
continencia de 
personalidad
porque me pongo 
tímida e idiota 
por demás.

Ay si me dejases
podría estar
chapándote
en la heladera 
imaginaria
de los lácteos.

No sé tu nombre.
Hace casi media vida
tengo esta fantasía
de jugar a quererte
con mi anatomía.

Sos la hormona
que sublevó
y descontroló
mi tranquilidad 
barrial.

Sos el amor de recreo,
el tiempo extra en 
mi patio delantero.









martes, 19 de abril de 2016

La obra de la nada

Pasajeros de este tren: vengo aquí para presentarme debidamente. He estado viajando en las proliferaciones de sus vidas, me he instaurado en el espacio más pequeño y descuidado de ustedes. En el anonimato me apoderé de sus pausas, me las tragué enteras, las saboreé y ahora viven en mí agonizando desde de mis entrañas todas sus verdades. Me las devoré mientras perecían en la opacidad, mientras se distraían en la inercia. Como si estuviesen leyendo infinitas páginas en blanco. He producido esos pensamientos para sosegarlos. Soy la célula que corre a romper sus ilusiones a patadas.
Siempre estuve ahí, roando dentro de ustedes, buscando formas animales para emerger. Me hice sonido en todos sus rugidos, bramidos y fragores. Soy el silencio que acaba por devorar la motricidad de sus músculos dejando un sistema mineral muerto. Me expando en la tardanza de una mirada que babea, en el sonido que emiten unos labios secos, deshidratados, decolorados, desprovistos de esa belleza inminente que tiene el decoro.
Soy el espiral que vive entre la realidad y la adoración. Dentro de esa rueda infinita me destilo en los soplidos que salen de cada boca aplomando los pulmones con pensamientos cargados de metal. Soy esa acumulación que vuelve la carga del cuerpo más pesada. Soy la queja que calla a la sensibilidad. Señores, también vivo en la beldad que devora la soledad.
Condenado por un tiempo, soy lo que pudo ser y no es. Soy el discurso perpetuo que vive en sus espejismos. Soy la hermosa crítica que vive en los mediocres, superflua, insípida y errante. Soy el engaño y la negación. Si les digo que soy la negación entonces no podrán creer nada de lo que dije anteriormente. Sí, soy la contradicción, la podredumbre y la contaminación. Soy todo lo que representa el dolor. Sepan disculparme, juro que no lo hago con intención. Es mi circunstancia y he tenido que vivir con ella por siempre.
Me han tomado como algo inexistente, desprovisto de sustancia, exento de contenido. Algunos han creído que represento el vacío de la mente y he buscado tantas formas de hacerme visible. Pero déjenme decirles algo, señores; este, como lo ven, es mi cuerpo corroído, alienado, suculento, tembloroso. Pasajeros de este tren, ¡Soy la obra de la nada!


jueves, 7 de abril de 2016

El despertar del olvido

¿Dónde estás?
Fui a buscarte y no te hallé.
Fui a buscarte en casa de
Nico, Jacinto y Andrés.

Viviste libre,
nunca pediste permiso
para hacerte piel
en el siniestro plan
de un asterisco.

Me abrazaste entera
con tus hilos
y te volviste poesía
dentro de las piernas
cada vez que te necesité.

Fuiste la precursora
del "come trapo".
Te la dabas de
libre, atrevida, loca
y vos y yo siempre supimos
que te cabe ser bien crota.

Te ponías tan loquita
cuando bajabas por las
rodillas para escurrirte
con tanta facilidad
en la hora feliz de los mares
debajo del colchón.

La puta madre,
vos sí que te la jugaste
entera en la cancha.
Fuiste el paraíso
tropical de las polleras
livianas y el viento
arremolinado.

Regresa para abrazame
en la cumbia.
Te fugaste en la
redención de esta
cueva de bella mar
y me dejaste en bolas.
Figurativamente en bolas.

Volvé a la calesita,
a juntarte con mis broches,
a secarte con el aire
caliente del horno,
a colgarte en la canilla,
a perderte en orgías de ropas.

Tanga, que tu cuerpo
desgastado no te haga
sentir ni trapo, ni paño,
ni nada.

lunes, 19 de octubre de 2015

Pensamientos de una piba que se quedó sin batería en el celular

Ella moja sus labios
y piensa que
todavía le queda 
un tirón de sueño
hasta Villa Luro.
Tiene hambre,
no le alcanzó con
la tortilla que se compró
en la estación.
No llegaba con 
la plata para dos, 
había gastado
en birras, puchos
y la mitad del telo.
Ella saca un esmalte azul
y con él pinta la 
galaxia de sus uñas
en la gravedad
de un transporte público.
Piensa en cómo
cogieron hace
algunas horas.
Esta memoria
está latiendo en 
la mugre de su piel. 
Lo husmea en todas 
las regiones de
su complexión.
Piensa en la ducha
que quiere darse y
suplica en voz baja
que el tiempo 
se detenga para
dormir toda la vida.
En oportunas veces 
se encuentra achinando
los ojos y haciendo
magia en silencio.
Masca un chicle
y roza con su lengua
la lentitud del tiempo.
Se distrae mirando
el paquete de galletitas
que tiene el flaco
sentado al frente.
Lo ficha, él parece
estar demasiado 
colgado para mirarla.
Piensa en cómo
será su tamaño,
se distrae tan 
fácilmente con todo.
Hace un globo con
el chicle y sigue
pensando en la comida.
El olor a bondiola
que entra por la 
ventanilla le llena de
agua la boca.
Juega con los sonidos
de las cosas
que toca y tararea
una canción que detesta
y está sonando 
en todos lados.
Ella te desviste
y te deja boludo
de corazón.
Disimula una buena
acomodada de corpiño.
Quiere sacárselo 
al carajo.
Todavía no entiende 
cómo pudo volver 
a vestirse después de todo.
En el bondi ese chupón 
en su cuello se come 
la miradas de todas 
las viejas que la 
observan ofensivamente. 
Ella juega con
las ilusiones de
todo el que la mira.
Ya llega a la estación.
Lo único que desea 
es dormirse
sin despistarse.
Es tarde para eso,
el sueño queda 
muy lejano.
El flaco del paquete y ella
se van a juntos,
el hambre ganó.
Quizá hasta consiga 
cargador para el celular.

martes, 6 de octubre de 2015

Querido Roque

Mar del Plata, Diciembre 1936.-

Roque:

Quiero empezar estas líneas advirtiéndole sobre la nostalgia que me produce no tener noticias suyas. Luis, en su última carta, me ha enviado un recorte donde usted aparece en el periódico local. Está riquísimo con ese traje. Veo que el negocio de la sastrería está dando sus frutos después de tanto sacrificio. Me ha tomado trabajo obtener la dirección de su negocio en Morón. El muchacho del correo ha sido de gran ayuda para eso. 
Estamos viviendo en Parque Centenario. El parque se ha vuelto un atractivo para los porteños y para los extranjeros. Si lo viera, se sorprendería. Es una maravilla.
Es de mi consideración avisarle que estoy en Mar del Plata, en la casa de la buena señora de Sápere. Estoy segura de que le suena el apellido, la barbería del barrio se llamaba así. 
El calor atroz de Buenos Aires es tan abrumador, húmedo y aburrido que me he marchado sin pensar. Hace un tiempo espléndido aquí después de algunos días sofocantes. Estoy con mi hermana Esther y con la caniche Panchila que me mira desde su cajita a un costado de la habitación. Panchila, esa misma, que solía ladrarle cada vez que intentaba acercarse a mi. Me sonrojo al recordarlo en el hall de mi casa mientras saboreábamos esos espumantes que Luis siempre guarda en el refrigerador. Ay Luisito querido, tiene la gentileza de enviarme algún dinerito para jugar a la ruleta, debería verme jugar en el casino. Tengo grandes cualidades para eso, se ha convertido en mi mayor pasatiempo. 
Recuerdo cuando nos presentaron por primera vez en la feria del pueblo, sonaban las coplas de Ignacio Corsini y Rosita Quiroga. Le confieso algo modesto de mi parte pero ese día sentí que sus ojos habían encontrado dueña y que no se irían jamás. Por esos entonces usted estaba soltero y no le iba bien con el negocio familiar y con Luis acabábamos de casarnos. 
Usted siempre fue muy afectuoso conmigo y no lo olvido. Jamás podría abandonar los recuerdos que hacen de esta historia algo exquisitamente robusto.
Ay Roque, mi corazón se hace salvaje al recordalo y mi cuerpo se entumece. Son tan sustanciosos mis deseos de verlo que estoy hecha una rabieta. 
Hace tanto lo quiero, Roque. Todos estos años le escribí en los silencios nocturnos y mis manos han dibujado infinidades de veces su cuerpo ausente. 
Me ruborizo al escribirle y pensarlo, estoy hecha una pícara. Me siento una quinceañera en el día de la primavera.
Le escribo porque finalmente acepto su invitación a tomar ese vermú en la confitería "Los Flamencos". 
Comprendo que esta carta anticipa un atrevimiento de mi parte pero sepa usted que estoy dispuesta a que me piense así; loca y frenética. 

Afectuosamente

Ana María

domingo, 13 de septiembre de 2015

Medicina Nuclear

Hacía dos meses era sometida a estudios, medicamentos, silencios, noticias, formas andróginas de verse al espejo. Hacía dos meses era forzada a un mundo que le decía todo lo que debía hacer y cómo debía hacerlo. Como si le hubiesen extirpado la espontaneidad y todo el atrevimiento que eso genera.
Esperaba en una nueva sala de espera, esperaba la espera, esperaba por algo sin saber en muchas circunstancias qué esperaba, esperaba saber cómo iba a ser el nuevo procedimiento, esperaba que la rutina de esa vida distraiga sus ganas, esperaba porque había terminado siendo más cómodo esperar. Muchas veces quienes toman las determinaciones en nuestras vidas son todo el que exista menos nosotros mismos. Otra vez el tiempo yéndose por completo en escaners, rayos, sonidos intermitentes. Otra vez los extraños invadiendo la intimidad de una forma mórbida y esos silencios sepulcrales avivando la muerte. Otra vez poniendo en cuestiones el tiempo que había estado jugando dentro de una crueldad.
Ese día le inyectaron un líquido que tenía que permanecer algunas horas en su sangre hasta pasar a la siguiente etapa del estudio. Como le habían dado permiso para salir, libertad ahora concedida por esos mismos extraños, decidió salir a caminar por la ciudad. No solía tener estas iniciativas que rompían con lo predecible del sistema de acciones. Sin embargo salió a la calle y eso no pudo detenerse con nada.
Llovía de una forma insistente y desprolija. Sus labios comenzaron a moverse en la mímica de "What's up?" de 4 Non blondes. Hacía mucho alguien había puesto esa canción en su reproductor musical y conservaba esa pista como un recuerdo imborrable. La sutil articulación en su boca se acompañaba de unos auriculares que tenían la magia de crear una hermosa dimensión entre los sonidos urbanos, la música y su cabeza que no se callaba nunca.
El agua casi no se veía caer y en esa fantasmal percepción todo quedaba mojado. De no ser por las veredas teñidas de un color más intenso y brilloso, de no ser por el ritmo acelerado de la gente con sus paraguas al caminar bajo esa llovizna, de no ser por las aglomeraciones de personas bajo algunos toldos, de no ser por la humedad de un frío que toca con sus dedos el interior más profundo, de no ser por la vulnerabilidad que despierta ese paisaje, de no ser por el lenguaje musical de esos días, de no ser por los versos de Pessoa que recitaron desnudos ese día de lluvia. De no ser por todo esto nunca se habría dado cuenta que llovía sobre ella y en ella. Sólo que esta vez algo que se le había desprendido desde adentro prometía no soltarla.
Estaba realmente cansada de la perenne obediencia, de la docilidad que su cuerpo presentaba ante cualquier circunstancia externa, de olores a la acaroína y otros productos desinfectantes, de los yodos y gases de nitrógeno. En algunos lugares había propelantes como la acetona que se desprendían tan fácilmente que el olor era más difícil de remover que cualquier otra cosa que haya tenido lugar en su vida.
Caminaba por la ciudad; al principio sabiendo que tenía una hora y veinte minutos para regresar, al rato persiguiendo el sueño libertino y dejar todo de lado.
Pasaron algunas horas, cayó la noche, su celular se apagó. Entró a un bar donde pasaban jazz. Escuchó acertadas versiones de Pennies from Heaven, Poor buterfly, All of me y suspiró incontables veces.
Ya no era la misma. Como quien atraviesa una catástrofe natural. Nada vuelve a ser como era antes. La destrucción modifica todas las fibras sensibles, ninguna postal se ve de la misma forma después de pasar por una catástrofe. Esa presencia seguía acompañándola. Esa sensación crecía con el correr de los minutos. Hasta ese momento no había sido parte de su vida. De un modo que uno se resiste a confesar, había estado dejando morir todo lo que tocaba incluso sus pensamientos. En ese instante pudo sentir cómo el corazón aceleraba su bombeo, cómo el aire se volvía metálico a la altura del pecho, cómo sus ojos buscaban un vacío incomprensible como quien recorre con la mirada un lugar nunca antes habitado. Sostuvo sus manos, estaban tan frías como sus pies y lloró tanto como pudo. Por primera vez después de mucho tiempo lo había entendido; estaba viva.