sábado, 30 de noviembre de 2013

Masticarte

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Voy en busca de un deseo,
a encontrarte entre las lentitudes
que Ruth Etting nos concede
en la paciencia de su música.
Voy a tropezarte entre mis dientes,
justo ahora que elijo cambiarte el tiempo verbal.

Estas invadiendo 
todos mis movimientos.
No logro disociar frecuencia de vida
cuando estás tan limítrofe
a mi lengua, tan próximo
y conurbano a mis labios.
Y te sostengo con mis manos,
te rompo todo lo que tenes encima.

Quiero zamparte ya adentro mío
y hacer de este acto algo alegórico.
Te hago desierto de embalaje,
ahí donde se ve 
la representación animal
que va planeando al suelo.

La magia que vuelve a proyectarse
en esta saliva pegajosa
que derrama baba hacia el
hemisferio norte de esta comisura.

Mis ojos que acompañan
el asombro de una manera
encantadora en ese instante
a punto de entrar,
a punto de abollar el tiempo
y la urmateria de mi cuerpo.

Te unto en mi saliva,
en la cavernosidad
de estas papilas gustativas
que te saborean cuando
te voy pujando hacia adentro.
Chorrea el elemento que
vamos creando al aplastar los phs.

Te saco de mi boca
y dejo que entres de nuevo.
Aprieto con mis dientes
uno de tus extremos,
mientras te doblo en el aire
hasta transformarte en tirabuzón.

Con esta nueva forma
no puedo dejar de chuparte,
de tragar todo ese néctar,
apacible de lo rojo.
Se siente tan tierno
y texturado en mi paladar.

Intento masticarte
aunque me cuesta triturarte 
y mandarte a los molares.
Sos más rico cuando venís así de duro.
Si te hubieses hecho el blando,
nada de esto hubiese sucedido.

Aparto la vista de lo poco
que queda de vos.
Busco el envoltorio que aún
permanece tirado a un
costado de mis ojotas.

Te leo tapando el dibujito
para que adivines:
Emiten luz química
para atraer a su pareja.
Algunas brillan continuamente,
otras titilan.
Las hembras no tienen alas. 
¿Qué es?

http://www.youtube.com/watch?v=Sz_zeJM-5-A