sábado, 18 de abril de 2015

El enigma de Nico

Éstos días se me filtra
un rio de agua negra
en la boca y río menos.

Éstos días me encuentro
siendo el sepia de la hoja
que se abraza al árbol
antes de caer.

Éstos días me desenamora
el exceso de chabonería,
el exceso de necedad
y el exceso de silencio.

Éstos días llevo la luna
atada sobre una tormenta
que corresponde a
todos mis mares.

Éstos días me pierdo
en charlas de sirenas
con ojos de pez
y canto a través de ellas.

Éstos días me bajo
del bondi a mitad del
recorrido porque
me quiero desencontrar.

Éstos días olvido las
claves, las contraseñas,
las llaves, las pantallas
y los rostros.

Éstos días tengo dolores
en el cuerpo que alivian
una sarta de pensamiento
devoradores.

Éstos días todo lo
insustancial se vuelve
el mejor escape y siempre
me estoy yendo.

Éstos días hablo menos,
ya no me importa gritar,
dejo que la humanidad
tenga sus discursos sobre mi.

Éstos días parezco estar
asustada de vivir la vida
que transformé en una canción.

Éstos días no me enfrentes
con mis fracasos,
no los he olvidado.

jueves, 2 de abril de 2015

Beauvoir

¡Eh! vos guacho.
Sí, vos que preferís 
hacerte el boludo,
que tenés tan puestas
tus ideas como 
yo la docilidad
de tu sexismo.

Que te sentís poronga
por criticar a
las mujeres que
se quieren antes 
de tu género
y a la casa y al ama 
se lo meten por 
la igualdad que 
nunca vas a entender.

A esas hembras
que te tiran su arsenal
de palabras, las celebro.
Palabras que revientan
del corazón y salen
de entre las piernas.
Y no entendés porque
no te calientan 
de la bragueta para adentro.

Vos, que preferís
al gato, a la fémina,
al ser dentro de tu social
que solo mata su tiempo
en lo que está
arriba de la piel.

Esa dama que 
posterga la idea,
el fin y los principios
en tu obediencia
y critica a la otra.
Esa misma que transfiere 
su inseguridad al mirarme 
de abajo hacia arriba.

Esa que se vuelve
hombre en ideas
y se calla
en una ciudad
que devorada
y plastifica su lucha 
como un maniquí.

Esa que en su 
mansedumbre
se olvidó de si misma
y que, en tu opresión,
se apretó el instinto
sobre la piel tragándose 
hasta las lágrimas. 

A esa que vive
y muere olvidando
el fuego que la hace ser,
le tiro mi poesía guerrera.