sábado, 31 de agosto de 2013

Brutales maravillas

-¿Quieres una taza de té? Me dijo mientras le temblaban los ojos aturdidos en un eléctrico impás donde los segundos empezaban a concebir el deceso en ese brutal país de las maravillas. 
Como flotando encima de una cielo plástico accedí a sentarme en el extremo de esa mesa que se advertía en psicodélicas formas. Parecía que un ejército de vajillas había encontrado como única solución el armarse de un fuerte para preservarse de tanta demencia.
Solo la extremidad de su mano había quedado sosegada ante la invalidación de algunos signos vitales, el cuerpo se le movía como un acordeón que disparaba movimientos retraídos y alargados. Al verlo, el aire se me llenó de líneas que lo ocupaban y se aplastaban. Eso se veía como un perfecto juego sincronizado donde el aire y ese hombre llenaban y vaciaban su forma de una manera encantadora.
-Gracias, solo una taza de té. No sé si fue para acercarme a mi abuelo, el señor Smart, a su linaje y ritual inglés o porque mi boca empezaba a sentir una sed surrealista. El agua de la lengua huía hacia mis rodillas como un río que sigue su curso.
Se acercó a mi sacudiendo sus micro movimientos como una lluvia que cae furiosa contra el suelo. Me sentí algo incómoda, molesta, insegura. Sin abstraer las palabras, de una espontánea bocanada, le dije lo que hasta ese momento había devorado mis pensamientos -A mí no me gusta tratar con gente loca.
-Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
Lo miré a los ojos que empezaban a resucitarse en una eufórica nota -¿Cómo sabes que yo estoy loca?
-Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.
Sin querer estaba bebiendo otra taza de té mientras me disponía a contemplar el paisaje dentro de la escasa visión que forzaba entre teteras y platos de porcelana.
El acervo de sus átomos y esa ceremonia inoportuna volvían a mí como una cinta de película que finalizó un relato -¿Quién eres tú? me preguntó sin perderle el rastro a la pelusa que se había depositado en mi nariz.
-Ya no lo sé, señor, he cambiado tantas veces que ya no lo sé. Sé lo que es estar muerta, he sentido suficiente tristeza pero jamás creí que podía llegar a estar loca.

Algo me entraba por las orejas y me decía que debía confiar en la confusión, ya no entendía con exactitud cuál de los mundos era el real. Cuán lejos o cerca rozaba la interpretación a concebir las cosas como verdades. ¿Ese brutal país de las maravillas sería mi verdadero universo?






jueves, 15 de agosto de 2013

Te doy Murray


"Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo… No pierdas nunca esa sonrisa."
(Bill Murray, Lost in translation)

Sos mi deidad, mi gurú,

el plantón de mis emociones.
Sí, Murray sueño con el arribo
galopante de alguien que tenga
el poder de hacerme todo lo que vos
le haces a mis pensamientos.

Es que naturalmente me encantas,

me haces lo que nadie,
me haces reír mostrando los dientes.
Quiero jugar a trasvestirme con vos
dentro de una vida acuática.
Sos el excéntrico guía de mi océano hermético
encajado en un submarino.

Crearía una religión que tenga tu imagen
y seguro tendríamos tantos adeptos.
Mi vida es una situación paralela de tu existencia
porque hago hologramas de tu sonrisa
donde quiera que esté.

Ay sos el único que podría

sacarme todos los fantasmas
y hechizar un tiempo haciendo que lo lindo
dure una bocanada colosal de cielos.
No, mejor dicho, no hablaríamos de tiempo.

Quiero acostarme a tu lado en Tokio

y perderme una y otra vez
viendo estrellas de plástico en un cielo raso.
Te mordería esos labios casi perceptibles
hasta dejarlos churrasco.

Jugaría a maquillarte como una drag queen,

tengo todo para ponerte encima,
Bunny Breckinridge.
Quiero tu ocurrencia
para disfrazarnos de humanos
cuando la sociedad lo pida.

Te quiero porque sos el descenso de una curva emocional

de la existencia y el hombre sin personaje.
Sos el hiperrealista sentido de un
mundo sostenido de marmotas
que matan los días.
Sos las flores rotas de mis sueños,
lo único que no pienso dos veces.










miércoles, 7 de agosto de 2013

Máquina del tiempo

"Hay quienes se convierten en astros para hacernos sentir más cerca de nuestros pies"

Hay una bomba a punto de ser adentro de mi estado.
Tengo ganas de creer. De creer que mis ilusiones pueden estar sostenidas en un tren que atraviesa todos los campos que habitan en mis sueños.
Quiero sobrevivir a esta miseria emocional, bifurcar mis ojos y flotar sobre este corazón atardecido de azul.
Soy una semana de felicidad, la ilusión óptica mejor lograda.
Quiero escucharte llegar cuando el sol se inmola en el cielo, ahí donde los pájaros se parten con las nubes y se difumina el aire con algunos destellos de luz. Quiero mirarte durante un día entero, quiero reventar todo lo harto. Quiero que me regales teatro y que me improvises una escena de Calderón de la Barca. ¿En cuántos pasos estaré de vos? Volvé pero con un tono barítono en las cuerdas así no te confundo con nadie. Contagiame con tu risa, única, auténtica y genuina. Quiero fascinarme con cuerpos verdes para ridiculizar tanto rojo en mi respiración. Quiero volverte a abrazar para volver a encontrarme. Quiero que nuestras formas desencontradas se pierdan dentro de una máquina del tiempo y coincidamos en el mismo lugar. Quiero verte hacer malabares con tres limones en medio de aquel parque. Quiero saber que sos ese momento celeste en mi universo y volverlo mi sótano. Quiero que me saques el miedo y lo dejes pausado en un pocillo de té. Necesito acercarme a la hermosura de lo que alienta. Esta boca de naranja que se desorienta con el sabor salado impactado en mi plexo. Voy a soltar todas las ilusiones y hacer que duela lo menos posible. Quiero que me saques a bailar el espíritu y lo dejes colgado en una estrella. Mi cuerpo no para de temblar, estas cerca.



jueves, 1 de agosto de 2013

Galaxia

Hoy te declamaría hasta dejarme morir.
Sí, te partiría el aire con caballos de madera y me perdería renaciendo.
Te tomaría por la espalda de un susto y saldría corriendo por el verde hasta dejarme caer en el botánico de todo lo que se hace libre.
Jugaría a las escondidas hasta llegar a subordinar mi cuerpo entre todas las orquídeas.
Voy a enterrarme en la arena y a cavar un agujero hasta llegar a China. Voy a reptilarte entre el pasto con la piel llena de naranjos y hacerte sentir la niña que se fugó hace tiempo.
El sol con sus piernas de luz que nos toca la sustancia, la luna con sus brazos que nos envuelve de desconcierto.
Este carrousel que gira distorsionando con sus manos de pincel todo lo que envuelve y la demencia de hablarte en un galpón olvidado.
Qué ganas de sumergirme en una de tus historias y hacerme parte de ellas.
Subirme a un árbol para cortar las línea del cielo con los dedos y recitarte desde ahí todo este arte.
Tengo para prometerte París en primavera y una locura contaminada de cordialidad.
No hay más espera para soñar.
Soy el plural de todo lo que las flores marchitan en un jardín olvidado y el refugio de todos los colores muertos en tu ciudad.
Podríamos traspasar la galaxia en bicicleta y hacernos etéreos con mantos de estrellas en los ojos.
Somos el océano abrupto de una pupila llena de tinieblas.
El oráculo juega en el cíclico ombligo universal.
Se anuncia la tempestad.