viernes, 7 de febrero de 2014

Hay una luz que nunca se va

Dos gardenias me lo dijeron ayer
que te voy a ver
bailando con el tiempo
a través de caballos que rompen 
la velocidad de estos cuerpos
que trazan el aire 
desafiando la gravedad.

Desde el instante 
en que fundimos la combustión  
con ese gélido
día que partía el año,
el arco iris incidió en tus ojos, 
hasta el fin del mundo.

Te suspiro 
y con vos me como
todos los tiempos verbales
mientras jugamos a pedir
tres deseos apretando una
pestaña perdida entre mis dedos.

Vivimos para sacarnos
voltios por las sonrisas.
Morimos para hacer 
parte la luz y la oscuridad.
Estamos para vibrar
en ese arenero cósmico.

Quiero evidenciar todo 
el arte que hay en vos,
pasarle la boca hasta llenarla 
de unicornios y poesía.
Quiero rasgarte el alma
de brillantes y ver salir de vos
a una bandada de Fénixs.

Sos la inspiración 
que despierta gigantes 
en mi sangre y la materia que 
prende fuego el aire.
Sos mi búsqueda,
mi verdad y mi
contraposición, Teodoro.

Te ofrezco una vida
invadida de animales 
de palitos de la selva,
te propongo contar 
cada vez que veamos
luces que agrietan el cielo,
te regalo todas las 
estrellas fugaces.
Te proyecto a Tarantino 
una decena de veces más.

Somos la historia
que una guardiana 
cuidó a metros de distancia,
mientras absorbíamos
cuadernos y lápices por los ojos.

Morir a tu lado
es renacer infinitamente.