martes, 1 de octubre de 2013

Cisne

Los dioses polifónicos
están suicidándose.
Agonizan al
conocer la rapsodia
de todo lo que canto
cuando estoy
a punto de fenecer.

Expiro de la materia

para liberar
la carne,
la metáfora,
la mitología,
lo impoluto.

Lo siento,

es el temor,
el haraquiri a punto de ser,
el puñal en el centro
de todas las estrellas
reventando la piel,
consumiendo mi aliento.

El miedo,

acerca el instante
donde mis alas
se harán de plástico
y las aguas devorarán
el refugio de los ángeles.

Porque los instantes

me disipan
volviéndome musa.
Me enfrío en 
el máximo esplendor.
Cargo con un envase
que solo apresa 
lo imperecedero.

Solo quiero desprenderme

de toda sustancia y quebrar del cielo
la ondulación, la curvatura,
la ínfima convexidad
de mi cuello, para desfallecer
y teñir la tierra de plumas.

El hermoso miedo

de saber que sucumbiré
me transforma en dios.
Es en ese mismo momento
donde la tierra
se transforma en aire.

Buscamos el mismo

fin del arco iris.
Dondequiera que vaya.