martes, 8 de abril de 2014

Mientras una señora me miraba yo miraba por la ventanilla

Hay vida en la mutación
de los colores en el cielo,
en las hojas que oscilan
desde los árboles,
en el aire que arrastra la lluvia,
y en cómo se transforma
una cara con el sol.

Hay vida en el nido
que se construye
sobre una abertura oxidada
y derruida por el tiempo.
Hay vida en la risa,
siempre existe vida ahí.

Hay vida en la bruta
vegetación que brama
sus brazos desde un
alambrado en medio
de esos tetris de cemento.
Hay respiración en
todo lo verde.

Hay vida en las pantuflas
usadas y debilitadas,
en la botella hasta la mitad,
en el abrigo recurrente
de todos los fríos,
en el vaso con los dedos marcados,
en el viento que mueve
ese volante del piso.

Aun hay vida cuando
ese fragmento de papel
cae al agua transformando
por completo su materia.

Hay vida en la memoria sonora
de ese disco de vinilo
de Radiohead.
Hay vida en los escalones gastados
de las estaciones de tren,
en los toldos decolorados,
en las hipótesis de mi abuela,
y en el desapego de las personas.

Hay vida cuando soltamos
hasta el corazón,
hay vida en la lucha
y en las elecciones
de todos los días.

Hay vida en frases como
"distintos momentos"
"hacemos unas milanesas"
y "vamos a caminar"
Hay vida en la injusticia
y en cómo nos modifica.
Pero sobretodo hay vida
cuando nos quedamos
sin palabras.