domingo, 5 de junio de 2016

Pensamientos de una piba que va al supermecado

En el chino pagas
la birra con billetes 
de dos pesos
ajusticiando un eterno
vuelto en caramelos.

Cada vez que te veo
en la fila escondo 
las toallitas,
devuelvo los chocolates
y sumo un espumante.

Con esos joggins
al cuerpo sos una
sonora tropicana
cada vez que te imagino
en mi cama.

Por la puerta de mi
casa corriendo pasas
mientras me clavo
los hidratos que 
calman mi pensar.

En la calle
apareces como
superhéroe de 
comic urbano
Todo se pone lento
cuando te miro
en semiprimer plano.

Con vos sufro 
continencia de 
personalidad
porque me pongo 
tímida e idiota 
por demás.

Ay si me dejases
podría estar
chapándote
en la heladera 
imaginaria
de los lácteos.

No sé tu nombre.
Hace casi media vida
tengo esta fantasía
de jugar a quererte
con mi anatomía.

Sos la hormona
que sublevó
y descontroló
mi tranquilidad 
barrial.

Sos el amor de recreo,
el tiempo extra en 
mi patio delantero.









martes, 19 de abril de 2016

La obra de la nada

Pasajeros de este tren: vengo aquí para presentarme debidamente. He estado viajando en las proliferaciones de sus vidas, me he instaurado en el espacio más pequeño y descuidado de ustedes. En el anonimato me apoderé de sus pausas, me las tragué enteras, las saboreé y ahora viven en mí agonizando desde de mis entrañas todas sus verdades. Me las devoré mientras perecían en la opacidad, mientras se distraían en la inercia. Como si estuviesen leyendo infinitas páginas en blanco. He producido esos pensamientos para sosegarlos. Soy la célula que corre a romper sus ilusiones a patadas.
Siempre estuve ahí, roando dentro de ustedes, buscando formas animales para emerger. Me hice sonido en todos sus rugidos, bramidos y fragores. Soy el silencio que acaba por devorar la motricidad de sus músculos dejando un sistema mineral muerto. Me expando en la tardanza de una mirada que babea, en el sonido que emiten unos labios secos, deshidratados, decolorados, desprovistos de esa belleza inminente que tiene el decoro.
Soy el espiral que vive entre la realidad y la adoración. Dentro de esa rueda infinita me destilo en los soplidos que salen de cada boca aplomando los pulmones con pensamientos cargados de metal. Soy esa acumulación que vuelve la carga del cuerpo más pesada. Soy la queja que calla a la sensibilidad. Señores, también vivo en la beldad que devora la soledad.
Condenado por un tiempo, soy lo que pudo ser y no es. Soy el discurso perpetuo que vive en sus espejismos. Soy la hermosa crítica que vive en los mediocres, superflua, insípida y errante. Soy el engaño y la negación. Si les digo que soy la negación entonces no podrán creer nada de lo que dije anteriormente. Sí, soy la contradicción, la podredumbre y la contaminación. Soy todo lo que representa el dolor. Sepan disculparme, juro que no lo hago con intención. Es mi circunstancia y he tenido que vivir con ella por siempre.
Me han tomado como algo inexistente, desprovisto de sustancia, exento de contenido. Algunos han creído que represento el vacío de la mente y he buscado tantas formas de hacerme visible. Pero déjenme decirles algo, señores; este, como lo ven, es mi cuerpo corroído, alienado, suculento, tembloroso. Pasajeros de este tren, ¡Soy la obra de la nada!


jueves, 7 de abril de 2016

El despertar del olvido

¿Dónde estás?
Fui a buscarte y no te hallé.
Fui a buscarte en casa de
Nico, Jacinto y Andrés.

Viviste libre,
nunca pediste permiso
para hacerte piel
en el siniestro plan
de un asterisco.

Me abrazaste entera
con tus hilos
y te volviste poesía
dentro de las piernas
cada vez que te necesité.

Fuiste la precursora
del "come trapo".
Te la dabas de
libre, atrevida, loca
y vos y yo siempre supimos
que te cabe ser bien crota.

Te ponías tan loquita
cuando bajabas por las
rodillas para escurrirte
con tanta facilidad
en la hora feliz de los mares
debajo del colchón.

La puta madre,
vos sí que te la jugaste
entera en la cancha.
Fuiste el paraíso
tropical de las polleras
livianas y el viento
arremolinado.

Regresa para abrazame
en la cumbia.
Te fugaste en la
redención de esta
cueva de bella mar
y me dejaste en bolas.
Figurativamente en bolas.

Volvé a la calesita,
a juntarte con mis broches,
a secarte con el aire
caliente del horno,
a colgarte en la canilla,
a perderte en orgías de ropas.

Tanga, que tu cuerpo
desgastado no te haga
sentir ni trapo, ni paño,
ni nada.